Vivir con bienestar en la vida y la organización
“Estar bien” puede significar un millón de cosas diferentes para cada persona. Sin embargo, esas definiciones comienzan a parecerse cuando dejamos de tener aquello que dábamos por hecho.
La salud, por ejemplo. Entonces aparecen pensamientos como: “Sí, debí hacer caso a ese dolorcito”, “Debí hacer más ejercicio” o “Debí dejar de fumar”.
Lo cierto es que a las personas no nos enseñan qué es el bienestar. Generalmente, está asociado con “tener cosas” y no con “ser”. Pero ¿por qué quiero compartir contigo esta reflexión? Porque la forma en que experimentamos el bienestar tiene mucho que ver con la idea que tenemos de él.
Cuando se trata del trabajo, recuerdo que en uno de mis equipos, cada vez que llegaba Recursos Humanos para realizar una pausa activa, siempre había más de una persona que permanecía sentada diciendo: “Es que ahora no puedo”. Al final, el equipo de RH terminaba dejando de impulsar estas iniciativas.
La realidad es que hemos construido la falsa creencia de que ser productivos significa no detenernos. Nunca pensamos que somos un recurso limitado, que nos agotamos y que tenemos necesidades que, si no atendemos, terminarán llevándonos al caos en mayor o menor medida.
Por eso, una pausa inteligente no significa dejar de hacer las cosas; significa conservar el foco, la energía y el equilibrio. Para lograrlo, déjame hablarte de las dimensiones del bienestar, porque, como te mencioné antes, probablemente nadie te enseñó realmente qué significa estar bien.
Aprendí, a través del modelo MASBE, que el bienestar laboral tiene un enfoque verdaderamente holístico, ya que es el resultado de la interacción de múltiples dimensiones interrelacionadas.
Cuando comencé a conocerlas pensé dos cosas: primero, ¡sería fantástico que todas las organizaciones las comprendieran! Y segundo, que, si las aplicamos como una lista de verificación en nuestra vida, podemos hacer un mapeo muy claro de cuánto bienestar tenemos y cuánto deseamos alcanzar para planificar las acciones que nos permitan lograrlo.
Quiero compartir contigo las siete dimensiones del bienestar que propone MASBE, vistas desde mi perspectiva para la vida personal y lo que el modelo menciona en el ámbito laboral y organizacional.
Bienestar físico
Tu estado de salud, las condiciones físicas en las que trabajas y tus hábitos saludables deben ser una prioridad. Recuerda: si tú no estás bien, ¿cómo podrás rendir en tu trabajo?
En lo laboral, observa las condiciones físicas en las que desempeñas tus actividades.
Bienestar emocional
Debemos buscar el equilibrio emocional. Para mí, el desequilibrio comienza cuando inicia la lucha entre el hacer y el ser. La buena noticia es que ese conflicto suele ser el principio del cambio.
Aunque no lo creas, el caos es una señal de tu psique y de tu alma pidiendo ser atendidas. La ayuda psicológica o, en mi caso, la terapia floral, son disciplinas que ofrecen el apoyo necesario para atravesar esos momentos de confrontación contigo mismo.
En el ámbito laboral, si experimentamos estrés o ansiedad, buscar apoyo es fundamental. Desarrollar resiliencia nos permite adaptarnos, recuperarnos y salir fortalecidos frente a situaciones difíciles. Sin embargo, es igualmente importante acudir a un psicólogo o terapeuta que nos ayude a gestionar nuestras emociones.
Por eso hoy se habla tanto del líder coach: aquel que pregunta más, escucha más y se interesa genuinamente por lo que viven las personas de su equipo. No se trata de convertirse en el psicólogo del grupo, sino de desarrollar la inteligencia emocional necesaria para liderar.
Si has llegado al punto de requerir ayuda psiquiátrica, date el tiempo para vivir el proceso. Cuando el desequilibrio es profundo, el tratamiento debe acompañarse de terapia y no únicamente de medicación.
Tanto para las organizaciones como para cada persona, en la medida en que exista motivación, entusiasmo y satisfacción por lo que se hace, el bienestar emocional mejora.
Bienestar social
Cuidar la calidad de nuestras relaciones, nuestro entorno y el sentido de pertenencia también forma parte del bienestar.
En lo personal, pertenecer a un grupo de amigos, a una iglesia, a un club de lectura o a cualquier comunidad fortalece esta dimensión.
En lo laboral, se trata de construir relaciones saludables y colaborativas, donde exista cohesión, respeto, equidad e inclusión.
Bienestar funcional
Pregúntate qué tan satisfecho te sientes con lo que haces. Reflexiona si cuentas con las capacidades necesarias para desempeñarte y, si aún no las tienes, piensa cómo puedes desarrollarlas.
Te equivocarás en el camino, y eso también es crecer. No necesitas saberlo todo. Puedes buscar un mentor o un coach que te acompañe. De hecho, cuando obtuve mi primera jefatura comercial, lo primero que hice fue contratar un coach.
Liderar un equipo por primera vez o llegar a una empresa donde nadie te conoce representa un enorme desafío. Entre más asciendes, más soledad suele experimentarse en el cargo. Por eso, contar con alguien con quien conversar y adquirir nuevas herramientas brinda seguridad y bienestar.
En lo laboral, vale la pena preguntarte si tu organización ofrece oportunidades de desarrollo profesional, autonomía, claridad en los roles y un equilibrio adecuado entre las demandas del trabajo y los recursos disponibles.
Bienestar de descanso y recuperación
Quiero recalcar que esta dimensión es vital y, muchas veces, subestimada.
Pregúntate qué tan bien estás durmiendo. En ocasiones el insomnio aparece porque llegamos a casa dando vueltas una y otra vez a problemas no resueltos del trabajo.
Personalmente recomiendo muchísimo hacer ejercicio. Si puedes practicar yoga, excelente. Si sientes mucha rabia acumulada, quizá el kickboxing sea una buena opción. El deporte que elijas será una inversión en tu bienestar.
También considero que las flores de Bach pueden ser de gran ayuda, preferentemente acompañadas por un terapeuta. Si deseas orientación, puedes escribirme y con gusto te recomendaré una mezcla adecuada.
En el ámbito laboral, procura que tu organización promueva el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, fomente la desconexión digital y genere acciones para prevenir la fatiga laboral.
Bienestar económico y percepción de seguridad
Aquí convergen la percepción de seguridad financiera y la sensación de justicia respecto a la compensación recibida.
Esta dimensión implica preguntarnos hasta dónde queremos llegar económicamente.
Como coach, siempre digo que una cosa es el trabajo por el cual recibimos un salario y otra muy distinta es el enorme universo de posibilidades que existe para generar ingresos adicionales. Aquí entran en juego las finanzas personales y un plan de acción.
Nuestro propio accountability, es decir, asumir la responsabilidad sobre los resultados que queremos obtener, marca una gran diferencia.
En lo laboral, es importante reflexionar sobre cómo nos sentimos respecto a la remuneración, las prestaciones, los beneficios, las recompensas y los bonos que recibimos.
Bienestar cultural y sentido de propósito
El bienestar también está profundamente ligado al significado que le damos a lo que hacemos.
Sentir que nuestro trabajo está alineado con nuestros valores y nuestro propósito es fundamental. En mi caso, siempre pensé que jamás podría trabajar para una empresa dedicada a vender cigarros. Ese límite tenía que ver con mis propios valores.
Como coach he acompañado a muchas personas que persiguieron un cargo, pero nunca se preguntaron para qué lo querían realmente. Cuando el propósito no está claro, llega un momento en que el trabajo deja de inspirarte a levantarte cada mañana.
Por eso, encontrar sentido en lo que hacemos es una tarea indispensable.
En el ámbito laboral, resulta muy valioso percibir coherencia entre las acciones de la organización y sus valores, misión y filosofía, así como contar con oportunidades de desarrollo personal y profesional dentro de una cultura organizacional positiva.
Como verás, existen dimensiones del bienestar que quizá nunca nos enseñaron a desarrollar, y mucho menos a observar dentro de las organizaciones.
Todas influyen en nuestra capacidad para vivir con equilibrio. Espero que estas dimensiones te inspiren a hacerte una pregunta muy sencilla, pero profundamente transformadora:
¿Con cuánto bienestar estoy viviendo hoy?
Con amor,
VO